En Cuba, 26 de julio es presente y futuro. Daniel Guerra Domínguez

Pareciera que la vida de la nación cubana estaría marcada desde sus simientes y para siempre por el sacrificio y el patriotismo de sus hijos. Nada tan alejado de la realidad, al tener que sortear no pocas circunstancias y tendencias propias de los diferentes procesos que dieron lugar a la formación de una sólida nacionalidad. Eso sí, ¡para orgullo y privilegio de los cubanos!

Tales condiciones forjaron a lo largo de las gestas libertarias ansias de independencia y ese espíritu indomable de rebeldía y emancipación que luego de librarse del colonialismo español, los acompañó por más de medio siglo de antipatria de los gobiernos de turno, títeres y corruptos, hasta alcanzar la definitiva y verdadera soberanía política, económica y social.

Un momento cumbre que marcó pautas para frenar las apetencias que desangraban al país y librar al pueblo de la miseria, el hambre, las enfermedades y todas las vicisitudes, fue sin dudas las acciones ejecutadas por los valerosos jóvenes dela Generación del Centenario (conocidos así en honor al natalicio de José Martí), que el 26 de julio de 1953, arrostrando todos los peligros, emprendieron los ataques a los cuarteles Guillermón Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.

Aquella actitud valiente y altruista cristalizó aún más el ideal revolucionario del que emergieron valores y principios genuinos en la epopeya de ser Libres o Mártires, y de cuyo legado se nutrió todo un pueblo hasta convertirse en fuente inagotable para las actuales y futuras generaciones, las que tienen ante sí, no un reto, sino el firme compromiso de garantizar la continuidad histórica de su Revolución.

El desenlace de aquel acontecimiento devino en el Programa del Moncada, cuya fundamentación albergaba las cinco leyes revolucionarias que cambiarían el futuro del país y de su gente, expuestas por el joven abogado Fidel Castro cuando asumió su propia defensa, al ser juzgado el 16 de octubre del propio año y que legó para la posteridad como “La historia me absolverá”.

Este es uno de los documentos más trascendentales de la historia de Cuba, reivindicado cada año al evaluarse la marcha de la Revolución y reflexionar sobre los retos e incentivar la moral combativa y la unidad monolítica del pueblo junto a sus líderes históricos y al Partido de vanguardia que los acompaña en cada uno de los desafíos.

¡Qué no ha hecho la Revolución Cubana desde el 1 de enero de 1959, sino hacer realidad aquel programa! Devolverle al pueblo lo que es del pueblo, en todas sus aristas, como lo fue la Reforma Agraria y las políticas que ha ido implementando siempre en su beneficio, sin distingo de condición política, social, ni credo religioso.

El pueblo cubano ha demostrado con creces que es fiel al ejemplo que recibió de los precursores y padres fundadores de su nacionalidad, que siglo tras siglo lo dieron todo para que hoy tengamos Patria, el mismo pueblo que ha demostrado en más de cientos de ocasiones que bajo cualquier circunstancia jamás renunciará a uno solo de sus principios y convicciones, por difíciles que sean las adversidades.

Sus enemigos siempre han elucubrado la falaz idea de fabricar e inducir la desmemoria histórica, para sugerir embaucadoras limosnas de un sistema adverso y capitalista que los asecha, y que ni por asomo esconde la pretendida intención de socavar la unidad del puebloy destruirla.

Esa historia de sacrificio, entrega y lealtad con la que se forjó esta nación y todas sus conquistas demuestra que la Isla es acreedora de un pueblo heroico, patriota, rebelde y de una dignidad a toda prueba, el mismo que ha brindado y brinda con total desinterés ayuda a los pueblos hermanos, sea cual fuere la latitud y las circunstancias.

La Revolución Cubana sigue sabia y virtuosa, cumpliendo al pie de la letra el legado del Moncada y de Fidel, sus hijos tienen consciencia de que olvidar la historia sería renunciar a las conquistas de uno de los proyectos sociales más justos y equitativos. Todos esos valores que distinguen a los cubanos demuestran siempre y por siempre la razón por la que en Cuba, 26 de julio, más que olvido es presente y futuro.

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