“Me lanzo”

Ya de consejero ando por los años y el camino, y sé, que de armonías se deben los días buenos que en las noches propician grandes los encuentros, bien con quien amamos, o con el alma misma. Más, también de las desavenencias y las fricciones sé que conveniente es dilucidar fuera, las subidas de tonos, a saber, si el bullicio desalienta y las emociones contiene, para apagarlas a tiempo, las soberbias que puedan llegar. No de injurias y malos recuerdos el lecho se ha de llenar, allí, donde solo ha de crecer amor, amor y mucho amor, en ese sitio que nos alerta cuando algo se dilapida y falla, al colmarnos de las rutinas y los cansancios del día a día.

Hoy de reflexiones me lanzó y -así te evito- de los enigmas, el por qué nos pasa de la confianza a lo distinto, experimentar lo que amolda y advierte no pertinente al subir la cuesta y declinar, hasta languidecer, de a poco, y sin cuentas, el amor.

Mejor -a tiempo estamos- para reanimarnos las entrañas, y no darle paso a las derrotas que se agolpan desesperadas por acabar lo bueno del alma y paralizar los adeudos de la pasión, cruzando ideas de hacer por ver, sin resolver, los entuertos del amor.

 

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Así y solo así

El saber de la salud física o espiritual proporciona satisfacción cuando todo va bien, mas lo contrario nos sorprende la quietud, y todo parece el fin, porque poco es nada y es poco, bajo el lamento con que se emprende en lo adelante.

Ya no andas con el mismo arrojo de entonces, estimas la suerte, no por lanzarla al saquillo, sino de pasaje hondo, abatida, espinosa y baldía, pero caminarás serena, confiando en el remedio porque sabrás resurgir de ese ardor que se sufre.

Abrigarás las nuevas emociones que sientes llegar, de buenas y seguras ideas que han de obrar, buscando relación placentera a tus alarmas con la sana intención de la salud entera restaurar, bien lo sabes, en la incertidumbre es posible intentar.

Es viable sanar siempre y cuando aportes de ti, menos del conflicto que genera, el desasosiego, y así, evitar laceraciones más profundas, que lastiman al valor de darte animosidad que traza sin desaparecer, cuando intentas con franqueza y amor, que pueda haber.

Las contrariedades de los sentimientos que embargan no hacen sino complicarte, al no tener claridad, de que disipas de tus galas frecuentes, qué es vivir, haciéndote infeliz al no intentar frenar la depresión, y el fracaso de las diligencias que has de emprender.

Seguro estoy y estarás en el realismo de esa visión, que así y solo así se podrán sus peligros advertir para que florezcan con mejor perspectiva y claridad, y desaparezca la incertidumbre en la adversidad.

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Mi poemario: “De madrugada”

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